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La hiperactividad sería genética
Científicos británicos encontraron las primeras pruebas de que el déficit de atención y la hiperactividad, englobados bajo las siglas en TDAH, son un trastorno genético y agregan que su investigación podría llevar a un mejor tratamiento de esta dolencia.
Los investigadores que escanearon el mapa genético de más de 1.400 niños hallaron que quienes sufrían TDAH tenían más probabilidades que otros de tener pequeños fragmentos de su ADN duplicados o perdidos.
Anita Thapar, profesora de psiquiatría que encabezó el estudio, dijo que el descubrimiento ayudaría a hacer desaparecer el mito de que el TDAH está causado por la mala educación por parte de los padres o por dietas ricas en azúcares.
"Es realmente emocionante porque nos da el primer vínculo genético directo con el TDAH. Ahora podemos decir con confianza que el TDAH es una enfermedad genética y que los cerebros de los niños con esta dolencia se desarrollan de forma diferente a los de los otros niños", dijo en un encuentro con periodistas.
El TDAH es uno de los trastornos mentales más comunes en niños y se estima que afecta a aproximadamente a un 3% a 5% de los niños en todo el mundo. Adempás, sería bastante más frecuente en niños que en niñas.
Los niños con TDAH son excesivamente inquietos, impulsivos y se distraen con facilidad, y a menudo experimentan dificultades en casa y en el colegio. No hay cura, pero los síntomas pueden ser controlados con una combinación de medicamentos y terapia de comportamiento.
Thapar dijo que los hallazgos ayudarían a descubrir la base biológica del TDAH "y eso va a ser realmente importante en el futuro para desarrollar tratamientos nuevos y mucho más eficaces".
Sin embargo, los expertos subrayaron que los hallazgos de ADN probablemente no llevarían a desarrollar una prueba genética para detectarlo, dado que la causa podría ser una compleja mezcla de genes y entorno.
"No está claro que pueda llevar a una prueba diagnóstica, pero podría abrir nuevas vías para entender la neurobiología del trastorno", dijo Philip Asherson, del Instituto de Psiquiatría del King's College London.
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