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Pedro Retamal, siquiatra: “El chileno vive apresurado”.
Las consultas por depresión están entre las más elevadas del mundo y la tasa de suicidio va en aumento desde la década de los noventa.
Profesor Asociado del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y director de la Unidad Enfermedades del Ánimo del Servicio de Psiquiatría del Hospital del Salvador, Retamal habla del estado mental del chileno de hoy y de los avances de su especialidad en los últimos años.
Por JORGE ABASOLO
En su consulta ubicada en pleno corazón del sector de Las Condes en Santiago, los amplios ventanales dejan entrar una gran cantidad de luz, “fundamental para tratar psicopatologías depresivas”, me dice mientras sorbemos un café y preparo la entrevista.
Está sindicado como uno de los psiquiatras notables de este país, es autor y editor de una decena de libros de su área, y su palabra es siempre requerida en cuanta revista especializada acerca del tema de la salud mental existe.
Sentado cómodamente en su bergere, Retamal habla con voz pausada, dejando entrever un sosiego mental y espiritual propio de quien se conoce al revés y al derecho.
Como la ciencia no le basta, este escrutador de la mente se interesa por toda manifestación de la inquietud humana, entre ellas la literatura. Como que una vez hizo una lectura psicológica de “El Rey Lear” y hasta de algunos personajes de Dostoievsky. Ante mis dudas naturales respecto a quienes ejercen la abstrusa profesión de tratar los paisajes internos del ser humano, me dice que es fundamental en un siquiatra el que posea un buen nivel de comprensión, técnica, información y conflictos resueltos.
¿Ha cambiado ese miedo patológico del chileno al siquiatra o al sicólogo?
Yo pienso que sí. Estas mismas entrevistas –como la que usted me hace– son reflejo de ello. Y digo esto porque hay una buena cantidad de entrevistas en los diarios, en las revistas, en la televisión…lo que ha acercado más al siquiatra a la familia. Y con ello creo que ha desaparecido probablemente una cuestión importante, que era esa visión de extrañeza, de distancia o de seres muy complicados que tenía la gente respecto de nosotros. Hoy en día creo que los siquiatras no son muy distinguibles respecto de otros médicos y respecto de otros profesionales.
Hablo de su apariencia, de su modo de ser… excepto las peculiaridades del lenguaje,
que son propias de la profesión.
Además, en el sistema público de salud la cantidad de siquiatras contratados hoy en día son probablemente cientos… y algunos cientos de sicólogos también. Ello debe ser el reflejo de lo que pasa a nivel general. Hace veinte años la cantidad de siquiatras contratados por el Servicio de Salud no superaba los cincuenta. Y la cantidad de sicólogos el par de decenas.
CIFRAS QUE PASMAN
¿Es Chile el país más depresivo de Sudamérica?
Las consultas por depresión en Chile están entre las más elevadas del mundo en los
consultorios de atención primaria, es decir, de medicina general. La tasa de suicidio por cien mil habitantes en Chile va en aumento desde la década de los noventa.
Prácticamente ha llegado a duplicarse. Según datos de la OPS es 10.1, una de las más elevadas del continente. En América es de 7,5; en América latina alcanza al 5,5; en América del Norte es de 10,7; México tiene una tasa de 4,2; Brasil una de 4,8. La tasa en el cono sur de América es de 8,8. En este sentido, digamos que Chile es superado por Uruguay, que alcanza a una cifra de 15,9.
Conforme a estos datos, Chile está entre los países que tiene los índices más elevados en relación a la enfermedad depresiva.
¿Qué fenómeno de los últimos años ha acrecentado la depresión en Chile?
En el ámbito del aumento relativo hay que citar la mayor cantidad de estudios acerca de la materia. Hoy en día hay nuevos conceptos que permiten reconocer a más personas con la enfermedad. En cuanto al aumento absoluto hay que mencionar las modificaciones laborales, como el aumento de las horas de trabajo o la incertidumbre laboral. También no podemos omitir las modificaciones estudiantiles y el consiguiente incremento de las horas de estudio.
Agregaría yo la disminución a la exposición de la luz solar, trabajo y vivienda en lugares cerrados, centros comerciales subterráneos o departamentos muy oscuros. Otro factor que ha acrecentado la depresión en Chile tiene que ver con las alteraciones del ciclo sueño/vigilia, horarios de trabajos y estudios por la noche. Además, el aumento de consumo de estimulantes, drogas, alcohol, fármacos como anorexígenos, antidepresivos o estimulantes.
A todo esto hay que agregar el desencadenamiento de la predisposición genético-constitucionalpsicológica.
Cuando uno empieza a escarmenar en torno al carácter nacional y lee a pensadores como Alberto Cabero o Hernán Godoy, da la impresión que podemos hablar del carácter depresivo del chileno. ¿Es así?
Si nos referimos a los tiempos actuales, a lo que está pasando hoy, pienso que no es así. Más bien tiendo a creer lo contrario.
Al igual que todo el conjunto de la humanidad en relación a la segunda guerra mundial y durante una buena cantidad de tiempo, efectivamente la angustia y la depresión caracterizaron un tanto al hombre contemporáneo. Eso tiñó a un gran número de personas y de países conforme a lo que estaba ocurriendo. Fue estimulado por las necesidades que había de ordenar al mundo, construir un orden nuevo de acuerdo a normas claras, concretas y específicas. Y efectivamente eso se puede conseguir a través de lo que llamamos la personalidad depresiva. Los sujetos así tienden a ser ordenados, cumplidores, meticulosos, apegados al orden y las tradiciones. Ese grupo de gente probablemente se necesitaba para reconstruir parte de la humanidad que había sido fuertemente zarandeada por la
guerra.
Por otra parte estaban todos los elementos necesarios, toda la tecnología. Ya estaba bastante lejos la Revolución Industrial. Entonces contábamos con los elementos tecnológicos para avanzar.
Pero, para hacerlo de manera segura se necesitaba una base. La base del trabajo y la laboriosidad ordenada. Pasando esa etapa llegamos a una nueva fase, también asociada con el ánimo, pero con otro tipo de ánimo en este país.
Hoy en día en que las cosas fundamentales están construidas, lo que se necesita
en Chile es dar un gran salto. Necesitamos individuos activos, rápidos, creadores, que asuman riesgos, que asuman tareas, que avancen… y ojalá, ordenados. Y eso es bastante distinto al sujeto cumplidor, apegado a las tradiciones, como el caso de los depresivos.
Estamos en la época en que los sujetos –para adaptarse y funcionar bien necesitan trabajar mucho, pero en forma creativa. Y haciendo cambios veloces. A esos sujetos los llamamos hipertímicos.
En nuestros días, eso de la depresión es algo que pasó. No digo que no tengamos elementos depresivos. De hecho los tenemos… y en gran volumen, pero, creo que estamos en la etapa de rápida construcción, en la etapa del arrojo, en el lanzarse. Y eso tiene muchos peligros, pero también tiene muchas ventajas y oportunidades.
Chile atraviesa por esa fase: creatividad, liderazgo, acción, construcción. Muchos errores, y por lo tanto muchas equivocaciones. Pero el país está lanzado. Y todo eso obedece a la estructura hipertímica. En síntesis, salimos de la etapa de la depresión para entrar de lleno a la etapa de la hipertimia. Hipertimia, o sea, lo contrario de la depresión.
Veamos el tema desde otra óptica. ¿No es posible que estemos lanzados, pero inmersos en una depresión?
(Medita) Puede darse…sí. A ver… estas dos maneras de ver el mundo forman parte de lo típico que son las enfermedades del ánimo.
Estamos lejos de los períodos en que vivíamos un mundo persecutorio. Ese mundo tiende a desaparecer y se da en tiempos de crisis muy severas. Y sus causas pueden
ser políticas, religiosas o económicas. Ahí lo persecutorio adquiere una potencia inusitada. Pero creo que hoy día se da más lo lanzado hacia la actividad.
¿Cuál es su diagnóstico del estado mental del chileno de hoy?
Mi opinión en este sentido es discreta. Y digo discreta porque perfectamente otro siquiatra podría decir otra cosa. Si muchos opinan muy distinto es porque hay muchas posibilidades de error en todo. Dicho de otra manera: todos tienen parte de verdad.
Yo creo que hoy estamos en un proceso de cambios que es muy rápido, muy acelerado. Hemos salido de una fase en que las cosas estaban más claras, más ordenadas… para entrar a una fase donde hay que adaptarse a muchas cosas nuevas.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Chile existe un millón y medio de depresivos. En Santiago, de cada cien consultas, treinta son por esta causa. Se trata de una cifra superior a la que presentan ciudades como Manchester o Río de Janeiro. ¿Qué le sugieren estas cifras?
Lo que ocurre es que nosotros estamos inmersos en un proceso de cambios. Y las estructuras de adaptación que habitualmente funcionan para dar estabilidad, hoy día están siendo sometidas a prueba. Entonces un cierto número de personas al colisionar con los elementos sociales y culturales actuales tienden a desestabilizarse un poco… o mucho. El hecho de que exista esta sintomatología, este malestar, implica que estamos en ese proceso. La pregunta es si el cambio es bueno o es malo.
Otra lectura que podemos inferir de las cifras que usted me da es que desafortunadamente un grupo de personas es menos favorecida por los cambios a los que tienen que enfrentarse.
Esas personas necesitan más apoyo… y ese apoyo lo entregarán ciertas instituciones.
Parte del colchón –claro– tiene que ponerlo la sociedad en su conjunto. Esto significa mejores oportunidades de trabajo, mejores niveles de educación, mejores niveles sanitarios, etcétera. La otra parte la pondrán las estrategias específicas para el manejo de la sicopatología…
¿Cuál será la mejor?
La que el Estado proponga, la que el Estado pueda financiar, las que las instituciones privadas de salud sean capaces de sustentar. Luego, las personas menos favorecidas podrán recibir así algún tipo de ayuda. No necesariamente un país sin síntomas pudiera ser una sociedad que a la larga se va a estancar.
¿Y el defecto más común del chileno?
(Reflexiona) No estoy seguro que tengamos algún defecto particular respecto del resto de los países. Me llama la atención cierta tendencia al apresuramiento, a la hiperactividad, una tendencia a la impulsividad que se produce cuando lo anterior no puede ser prontamente satisfecho. Luego, hay una tendencia a saltarse las barreras.
Eso podría ser una dificultad, y es el riesgo propio de sociedades fuertemente sometidas al cambio. Se quiere hacer todo muy pronto. Y cuando sobrevienen las dificultades se produce la colisión. Y el ser humano frente a la colisión, trata de pasar. Pero en eso de pasar el obstáculo, se violan ciertas reglas, ciertos derechos de los demás. ¡Para qué hablar de las normas del tránsito! Es allí donde mejor se nota esto. Por ganar unos pocos segundos somos capaces de desplazar al otro, sin respetar sus derechos. Ese apresuramiento lo veo como un defecto del chileno.
Es cierto que cada cierta cantidad de años, las sociedades chocan contra las barreras, contra lo establecido. Pero, yo diría que los chilenos estamos chocando mucho más.
Entrevista publicada en El Periodista el 26 de agosto de 2009.
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