• Psicopatología del terrorismo – Parte 3: Psicopatología de la ideología terrorista

    Con frecuencia la ideología terrorista es explicitada en forma superficial, con falta de sustancia y profundidad; resulta repetida y tediosa en extremo. Es difícil imaginar cómo puede inspirar a alguien a actuar. Las ideas son expuestas en forma absolutista, blanco o negro sin los matices del gris, sin cabida a la ambigüedad.

    Aparece la idealización de “nosotros” versus “ellos” y la proyección de lo malo e injusto en “ellos”. El mundo queda dividido en dos campos, amigos y enemigos y quien no está totalmente a favor de “nosotros” están en “nuestra contra”. Aparece la polarización, tanto en la ideología declarada, como en la idealización del grupo, ya que éste proyecta fuera de él, en sus enemigos externos, sus propias dificultades, quienes terminan siendo odiados y blanco de sus rabias.

    Esta polaridad entre los buenos y malos, amigos y enemigos, impide la integración de la realidad social, no existe conciencia de los errores y dificultades propias, así como de lo bueno y positivo que tienen los otros; no se aprecian los límites y relaciones entre la ideología propia y la de los enemigos, no se concibe la responsabilidad de los actos como propios, sino que provocados por los odiosos enemigos. No es posible ver las rabias, violencias; éstas son justificadas, no aparece la culpa, ni la posibilidad de reparación, tampoco la capacidad de negociación y la intransigencia impide la convivencia pacífica.

    Parece ser que los terroristas utilizan mecanismos psicológicos que estarían a mitad de camino entre lo neurótico o normales, y los psicóticos. Estos mecanismos se encontraron en terroristas que han sido entrevistados clínicamente y también puede darse en los jóvenes marginados de la sociedad, quienes buscan en razones externas las causas de sus problemas. Para estas personas será muy importante encontrar que no están solas, que no son los únicos y que existe una ideología que explica que son víctimas de la sociedad.

    Esto es un mecanismo de proyección, vale decir, lo propio es percibido en el otro. En general, es más fácil sentir los peligros como amenazas desde fuera y no desde dentro, porque las defensas funcionarían mejor contra los estímulos externos y muchas veces da la impresión de que lo proyectado, en estos casos, la rabia, los odios (internos), han sido tomados desde ciertos estímulos externos, los enemigos, con el propósito de aplicarles la misma defensa que a los externos.

    Este desastre de la humanidad que es el terrorismo, y también la guerra, puede ser iluminado si revisamos otras situaciones límites como son la violencia que surge en pacientes psiquiátricos. Desde ya declaro que los pacientes psiquiátricos son menos violentos que la población general “sana”, sin embargo los mecanismos involucrados en la agresividad nos ayudan a comprender la violencia.

    Hace algunas décadas conocí el caso de un paciente psicótico quien nos relató que desde hace muchos años se había dado cuenta que su padre fue reemplazado por un doble exacto. Tal vez, el demonio, quien realiza insinuaciones de tipo homosexual. Por esto agrede al doble, pero en el momento de golpearlo, queda su padre en cuerpo y alma y es quien recibe los golpes. En la mayor parte de su vida el paciente no muestra enojo hacia su padre, a pesar de que éste tiene una actitud de rechazo hacia el paciente, lo que corrobora el resto de la familia.

    Interpretamos que este cambio en el objeto percibido permitiría a los pacientes psicóticos expresar una emoción que no pueden manifestar de otra manera respecto a la persona real. En este caso, es como si el paciente atacara a una persona que no es su padre, para él es otro, un doble o impostor.
    Al resultarle imposible admitir los sentimientos ambivalentes hacia el padre, lo escinde, atribuyendo las características de la maldad al doble y las positivas a su verdadero padre.

    También conocimos la historia de un hombre que un 24 de diciembre se levantó con la decisión de ajusticiar a su primo. Y nos llamó la atención que en toda la entrevista se refería a él como “el otro” desconociendo su nombre y parentesco. Pensamos que el factor común entre estos y otros casos está constituido por el fenómeno de desconocer a la víctima, cambiarla, transformarla, ya no es la misma persona, es otra.

    Esto explicaría que los enfermos psicóticos no tienen culpa, puesto que han tomado una gran distancia respecto de sus víctimas, quienes son irreconocibles para ellos. No olvidemos que la destructividad del ser humano se ha desarrollado de la mano de técnicas que permiten la distancia y el anonimato; se inicia la lucha cuerpo a cuerpo, luego las manos disponen de un garrote; más adelante se lanzan flechas, aumenta la distancia con los fusiles y más aún con los cañones y hoy día quienes utilizan los misiles están imposibilitados de conocer o imaginar a las víctimas.

    El terrorismo con frecuencia actúa a distancia, deposita una bomba sin ver los efectos en los cuerpos mutilados de las víctimas, casi siempre anónimas, el ideólogo, y con mayor razón el ejecutor, han sido tan “bien entrenados” que pueden ver y participar del sufrimiento del torturado, quien puede ser quemado, electrocutado o violado en su inmediata presencia.

    En la ideología del terrorismo se desconoce a los otros, se los aleja, pertenecen a otra categoría, se los desprecia y degrada, pueden ser personas anónimas y distantes; los otros son desvalorizados desprovistos del principio humano y se pierde el respeto al hombre, ya no es un ser humano. Así, resulta más fácil secuestrar, torturar, violar y asesinar.

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