Psicopatología del terrorismo – Parte 2: Aspectos psicopatológicos del grupo terrorista - Psiquiatria Chile
  • Psicopatología del terrorismo – Parte 2: Aspectos psicopatológicos del grupo terrorista

    En general, los estudios realizados no han demostrado alteraciones psicológicas significativas entre los terroristas, aunque existiría un rango desde lo normal a lo psicótico, provienen de un amplio espectro social y cultural, y abrazan diversas ideologías. Esta heterogeneidad contrasta con la uniformidad de su actividad terrorista y el culto a ideologías, con un sesgo fanático que los hace llegar a cualquier extremo, incluso dar la vida por la causa.

    Por otra parte, las alteraciones psicopatológicas que es posible encontrar no explican satisfactoriamente las causas del terrorismo, y más bien dependen de una ideología; otra cosa diferente es que las personas con propensión a la violencia busquen militar en grupos terroristas como manera de canalizar su patología, así como podrían insertarse en otros grupos o actividades agresivas.

    Sobre la base de la investigación de diversos grupos terroristas ha sido posible encontrar que la psicología del grupo proporciona una explicación para tal tipo de conducta. La ideología entrega el aparente sustento primario para la dinámica del grupo; sin embargo, esta causa ideológica no sería la motivación psicológica para reunirse o constituir un grupo, más bien sirve como el reconocimiento consciente y la motivación explícita para la formación del grupo.

    Existirían dos grupos de terroristas, que tienen diferente ligazón psicológica y diferente dinámica conductual. Un tipo está interesado en la destrucción de su propio gobierno, utilizan los conceptos de libertad, religión, opresión, es el caso de las Brigadas Rojas en Italia y el Ejército Rojo en Alemania.

    El otro tipo es el grupo ETA en España, que recurre a los conceptos de nación, patria, independencia y cuya meta es establecer una nación separada.

    Para los terroristas del primer grupo, anarquista-ideológico, la meta es destruir el mundo en el cual vienen, el originario, o sea, el mundo de sus padres; sus actos violentos destruyen la sociedad. Para los miembros del segundo grupo, nacionalista-separatista, realizan la misión que sus padres no hicieron e intentan destruir la sociedad que agrede a sus padres.

    En el nivel simbólico los actos terroristas del grupo anarquista-ideológico son actos de desacuerdo contra sus padres, leales al régimen imperante; para los nacionalistas-separatistas son actos violentos de lealtad con sus padres agredidos por el régimen. Una mezcla de ambos aspectos pueden encontrarse en el terrorismo de grupos originarios en América Latina.

    Se puede pensar que una de las tendencias más peligrosas de la ola actual de terrorismo es la inclinación de la mayoría de los grupos a actuar como representantes autorizados de pueblos enteros y no solamente como individuos.

    Cuando el terror se hace altruista, los terroristas se fortifican y aumentan sus demandas y acciones. En ese momento intentan alcanzar una elevada organización y comienzan a actuar como estados soberanos y ante cualquier manifestación, incluso indirecta, de aprobación de sus actos, se confirma su auto denominación como salvadores del pueblo.

    La decisión de ingresar al grupo anarquista es global, profunda y requiere una entrega total. Participan de la ilegalidad, rompen completamente con la sociedad y se sumergen en la clandestinidad. En cambio, los miembros del grupo nacionalista pueden vivir en la comunidad, su identidad es conocida y pueden ser considerados héroes por sus amigos y familiares. Tal vez en los pueblos originarios existen más elementos de la segunda postura.

    En ambos casos se ha estimado que la actividad y reunión del grupo representa un intento de consolidar la identidad y el sentido de pertenencia. Los estudios de los grupos anarquistas indican que provienen de familias incompletas, con poca estructura, especialmente durante el período de la adolescencia; en una de tales investigaciones se encontró que el 25% había perdido a uno o ambos padres alrededor de los 14 años; por otra parte un tercio había sido sancionado por la justicia; tenían serias dificultades en el colegio, y luego en el trabajo: las entrevistas a los terroristas en prisión indicaban una disminución de la autoestima, personalidad poco integrada y una tendencia a proyectar en la sociedad las razones de sus dificultades. Se ven a sí mismos como idealistas; percibían el futuro viviendo aislados y con incapacidades personales. Para estos individuos aislados y alienados el grupo terrorista constituiría la familia que jamás habían tenido.

    En el caso de los grupos nacionalistas, si bien existe ruptura, ésta es menos profunda con la sociedad y parece que también la necesidad de reunión está destinada a aliviar los sentimientos de alienación, puesto que muchas veces estos grupos terroristas incluyen en su constitución una elevada proporción de extraños a la nacionalidad que dicen defender, y a través del agrupamiento exageran su identidad política y nacional, como para alcanzar identidad psicosocial. La pertenencia al grupo llega a ser un importante componente del concepto de sí mismo.

    De modo semejante a lo que se ha encontrado en el terrorismo, el análisis de algunas sectas religiosas revela una alta proporción de aislamiento social y de desadaptación de sus miembros antes de ingresar al grupo, con diversos síntomas en la esfera psicológica, y mientras mayor era la red de interrelaciones familiares y amistades, más probable era que abandonaran la secta; en cambio en las personas más aisladas, el culto llenaba y representaba gran parte de su interrelación personal y más probable era su permanencia en la secta.

    Cuando los dirigentes de la secta intentan trasgredir la normas, el grado de aceptación de los componentes del grupo depende del grado de alivio o consuelo que obtienen al ingresar a la secta, y en esos casos aceptan sin protesta los dictados del grupo; pero aquellos miembros que están más indemnes del punto de vista psicológico antes de adherir al grupo, cuestionan con más decisión las imposiciones de los jerarcas, en tanto que la violación de la autonomía individual precipita el abandono de la secta.

    Sin embargo, la decisión de dejar un grupo religioso o terrorista no es fácil si proporciona sentido, sustento o identidad para sus miembros. El principal temor es quedar aislado o abandonado por el grupo. Así se explica una paradoja del grupo terrorista, puesto que si bien la ideología del terrorismo es antiautoritaria, la organización resulta altamente autoritaria y castigadora, exigiendo una conformidad sin cuestionamiento. Cuando algún sujeto plantea sus dudas respecto de la legitimidad de “derramar sangre inocente” puede significar que arriesga su pertenencia al grupo. Al no haber un grupo sustituto en el exterior, abandonar la actividad terrorista nuevamente lo enfrenta a la soledad y alienación; ante eso debe acatar, conformarse y, de este modo, la ideología autoritaria resulta conformista.

    El grupo es tan suspicaz respecto de la autoridad que reacciona adversamente a cualquier intento de elegir un líder y no pueden reconocer que parte de la fuerza de un movimiento político depende de la disciplina. Esto provoca ambivalencia con la autoridad dentro del grupo y explicaría los frecuentes cambios de liderazgo, pues quien realmente ejercería el poder sería el grupo, quien actúa en forma amenazante y autoritaria. La necesidad de pertenencia obliga a subyugar la individualidad.

    A nivel internacional (mucho menos en Chile) cuando existen líderes claros, no participan directamente del pequeño grupo o célula, los que tienen una relativa autonomía para actuar. Sin embargo, con más frecuencia estas unidades se someten ciegamente a la estructura central para cumplir con el ideal de oponerse a la autoridad. Estos grupos con una autoridad externa centralizada logran mayor estabilidad que aquellos sin liderazgo evidente. Cuando los terroristas se organizan jerárquicamente serían más peligrosos que cuando lo hacen sin disciplina y ahí se inicia la violencia con asesinatos masivos.

    Al ingresar a un grupo terrorista, especialmente al tipo anarquista-ideológico, el individuo tiende a romper sus anteriores lazos y filiaciones, y depende exclusivamente del soporte emocional del grupo. Esto representa una profunda modificación de su estilo de vida y cuando ha realizado un grave acto violento, el grupo se convierte en la protección contra el peligro externo, y si la seguridad del grupo está amenazada, aumenta la cohesión de sus integrantes, porque cada persona siente su propia seguridad en peligro. La legitimidad del grupo es muy importante. Ella sostiene la unidad y justifica la pertenencia y si algún miembro cuestiona la validez de las acciones del grupo, se convierte en una intensa molestia e inquietud.

    A partir de ese momento es necesario negar las dudas, rechazar o esconder el temor, así como la fragilidad y vulnerabilidad, y conduce a la ilusión del poder y la fuerza, llevando a la recíproca seguridad y confianza. La necesidad de pertenecer es tan grande que lleva a suprimir las propias vacilaciones, porque la duda es incompatible con la idea absolutista, libertaria y heroica que creen representar. La única manera de aliviar tales dudas es alejando o separando a quienes la tienen, o sea realizando el mismo proceso que lleva a la absoluta incapacidad para entender los valores del contrario, quien habita en un mundo separado, ahora enemigo.

    Es posible que los dinamismos emocionales de los jóvenes y adolescentes contribuyan a la estructuración del grupo, y esto permitiría sugerir que después de ser resueltos los conflictos psicológicos de esta etapa madurativa es posible facilitar la renuncia al grupo terrorista, ya que no serviría al propósito original: con la maduración y experiencia, la idealización inicial puede llevar a la desilusión, que aumenta la tendencia a la deserción.

    Especialmente en el terrorismo clandestino, la cohesión del grupo se activa en respuesta a los peligros externos y la solidaridad interna proviene de ellos y del destino compartido.

    A veces los miembros se refugian en un líder omnipotente quien brinda seguridad y ciegamente aceptan sus decisiones, y puede dominar la creencia que un mundo nuevo está a la vuelta de la esquina. Es necesaria una cohesión contra enemigos externos, a veces confusamente percibidos y también para protegerse de cualquier lucha interna. Cualquier oposición a la ideología compartida resulta intolerable y el grupo se divide en sub-grupos que se pueden combatir recíprocamente. Aparecen conflictos centrados en el control y la agresión, con elevado monto de suspicacia, lucha y temor de aniquilación.

    En el caso de los individuos psicopatológicamente orientados a la actividad, frustrados frente a un mundo que rechazan por sus propias incapacidades, para los sujetos con rasgos paranoides que buscan un canal “legítimo” para su agresividad el terrorismo proporciona una excelente vía.

    Puesto que los terroristas mantienen los rasgos personales con los cuales ingresan al grupo y que los habrían llevado a la soledad y aislamiento en la sociedad, también expresarán su personalidad en el grupo, que estará presionado y hostigado por el mundo externo; las dificultades serán externalizadas y puestas en el enemigo. Si éste no existe, el grupo tiende a desorganizarse porque los conflictos individuales son vaciados hacia el interior del grupo. Aún en circunstancias cuando las condiciones los obligan a mantenerse ocultos en la clandestinidad, después de un tiempo las tensiones generadas se hacen insoportables y para preservar su existencia se ven obligadas a realizar algún tipo de acción. Resulta que el terrorismo necesita actuar para reafirmar su propósito, reducir las tensiones internas y mantener su cohesión.

    Dr. Pedro Retamal C.
    Profesor Asociado
    Departamento Psiquiatría. Campus Oriente
    Facultad de Medicina. Universidad de Chile.

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