• Las caras de la enfermedad psíquica

    La información médica disponible en los dos últimos decenios, permitió superar la desconfianza en la eficacia de los tratamientos de la patología psíquica. Sin embargo, el conjunto de la sociedad no ha podido sopesar el impacto negativo de las enfermedades psíquicas (EP), y casi no considera su trascendencia sociocultural.

    El reconocimiento de estas dos caras facilita el camino para iniciar una discusión sobre las dificultades que existen en el acceso a recibir tratamiento para las EP.

    El puntaje de discapacidad y de días de licencia que provoca la depresión es más elevado que en enfermedades somáticas: hipertensión arterial, diabetes, artritis, etc. En Chile, el año 2004 el índice AVISA (años vividos discapacidad y perdidos por muerte prematura) en las enfermedades cardiovasculares representa 12,1%, el cáncer 5,9% y en las EP el 23,2% (871.758 años). En el caso de la depresión se perdieron 169.769 años, y en la esquizofrenia 51.624 años. En la última Encuesta Nacional de Salud el 21,1% de la población informó haber padecido depresión alguna vez en la vida.

    La información que posee el público respecto de los accidentes de tránsito es enorme y, sin embargo, las cifras no son muy distintas respecto del suicidio . Quienes mueren en tales accidentes oscilan en torno a las dos mil. Por ejemplo, el año 2010 fallecieron 2.098 personas, con tasa 12,3 por cien mil habitantes por año. El grado de conocimiento que se posee sobre suicidio es más bien escaso.

    Sin embargo, se ha observado un sostenido aumento, situándose por sobre las 2.000 muertes por año. Por ejemplo, el año 2008 se suicidan 2.167 personas, con tasa 12,9; el año 2010 fallecieron 2001 personas (tasa 11,7). Es muy importante considerar que por cada suicidio se realizan 20 intentos suicidas.

    La expectativa de vida de las personas con EP es muy inferior a la de la población general. En los últimos tres decenios, en algunos países desarrollados, la brecha ha disminuido, sin embargo, aún es muy pronunciada: las mujeres con enfermedad mental severa viven 15 años menos, y los hombres 20 años menos que aquellos que no la sufren.

    Existe la tendencia a no considerar las enfermedades físicas en las personas que presentan EP. La depresión podría aumentar hasta en 2 veces el riesgo de contraer diabetes y eleva 2 a 3 veces la mortalidad en personas con infarto al miocardio. El síndrome metabólico (conjunto de alteraciones: obesidad, hipertensión arterial, aumento de colesterol, diabetes, etc.), aparece en el 50% de los pacientes con EP, 2 a 3 veces más que en la población general.

    En los casos de enfermedad bipolar severa, más del 50% sufre diversas enfermedades somáticas: diabetes, hipertensión, úlcera péptica, etc. Esta asociación entre enfermedades físicas y mentales depende de mecanismos etiopatogénicos comunes: inmunológicos, inflamatorios y metabólicos. Por lo tanto, al disminuir la cantidad y calidad de la atención recibida por las personas que sufren EP se está dificultando seria, y simultáneamente, el tratamiento de lo que parece ser el foco de los sistemas de salud en Chile, las patologías físicas más comunes. Es decir, los pacientes sufren doble discriminación.

    La otra cara de Jano mira hacia una salida: avance científico y progreso en la comprensión de las enfermedades psíquicas. El antecedente de sufrir aceleración maníaca es más frecuente en las clases sociales mas altas. Cuando los padres poseen alto nivel de educación comparados con niveles mas reducidos, los hijos tienen mayor posibilidad de presentar enfermedad bipolar EB, sobre todo si se trata de la madre.

    Los adultos que sufren manía pueden presentar coeficiente intelectual (CI) más alto que el común de las personas. Las personas con CI mas elevado a los 18 años tienen 41% de mayor riesgo de hospitalización por EB en los años posteriores. Los adolescentes con rendimiento escolar sobresaliente tienen cuatro veces mas riesgo de sufrir EB en comparación con aquellos cuyas calificaciones están en el rango promedio.

    Los padres y hermanos de pacientes que sufren esquizofrenia y EB tienen profesiones creativas con más frecuencia que la población general. La medición de la capacidad creativa de las personas con EB resulta 45% mas alta que el grupo de comparación sin EP.

    Estos componentes de esta cara de Jano constituyen el fundamento de lo que se había demostrado desde la década de los 80′: la estrecha ligazón entre las EP y la capacidad artística, literaria y científica.

    ¿Es posible que los sistemas de atención de la salud no estén viendo a las personas con padecimientos psíquicos?

    Dr. Pedro Retamal C.
    Profesor Asociado
    Facultad Medicina Universidad de Chile.

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